Escribe: Agustín Pereiro

Bariloche, y toda la región Andina compartida con Chile, tienen indudables ventajas competitivas a nivel mundial, regidas por su belleza natural, sus lagos, sus bosques y las múltiples actividades de turismo activo y deportivo a ser desarrolladas en todas las estaciones del año. Acordemos que los servicios turísticos representan -técnicamente hablando- una exportación que mejora la Balanza Comercial de un país con el ingreso de divisas extranjeras, con la diferencia de que los consumidores viajan al destino para recibir sus beneficios.

Miles de visitantes extranjeros dejan en la región millones de dólares anuales, sin embargo el turismo, dado las variables de su negocio, se ha convertido en una actividad de altísimo riesgo. Una erupción de cenizas volcánicas más de una pandemia o las consecuencias de una crisis mundial pueden frustrar una temporada y hacer tambalear la economía regional y la barilochense en particular, a niveles insospechados. Tampoco, como ha quedado demostrado con los crecientes pasivos sociales y el alto desempleo de la ciudad, solamente la actividad turística es capaz de soportar económicamente de forma sustentable a toda una población en franco y desmedido crecimiento. Bariloche, claramente necesitan ampliar su matriz productiva a otras actividades más allá del turismo incentivando el comercio internacional.  

A fines del siglo XIX y principios del siglo XX, mucho antes que en Bariloche se empiece a pensar en turismo como actividad económica principal, la iniciativa privada llevo a los primeros colonos a desarrollar múltiples actividades económicas y productivas en muy variados rubros.

Su fundador, Don Carlos Wiederhold Piwonka, en 1895 estableció una casa comercial “La Alemana” en la ribera oriental del Lago Nahuel Huapi, pero como toda la zona estaba desconectada con Buenos Aires y las demás ciudades argentinas, dado que aún no existía infraestructura de rutas y caminos para desarrollar actividades comerciales hacia el Atlántico, la salida natural de la producción fue vía Chile hacia el Océano Pacifico. Don Carlos, de la nada misma, estableció una aceitada conexión comercial para el transporte de los productos de la zona: cueros, lanas, crin, alimentos procesados, etc., que se enviaban desde Bariloche a Puerto Montt a través de los lagos andinos. Nuestros productos, ya en el puerto chileno, eran transportados a Europa, por la línea de navegación “Kosmos”, radicada en Hamburgo, a través del Estrecho de Magallanes. Al mismo tiempo, todos los artículos europeos que recibía la firma comercial Carlos Wiederhold y Cía. en Puerto Montt, eran transportados a Bariloche.

Fue tal el auge económico que género el comercio internacional que en muy poco tiempo Bariloche se convirtió en el Hub Norpatagónico que concentraba toda la producción de exportación regional, al punto que fue necesario expandir la infraestructura con el vapor “Cóndor” y la mejora de los caminos hacia Puerto Montt.

En el año 1900 Carlos Wiederhold  vendió su próspera empresa a los Sres. Hube y Achelis que ampliaron la actividad comercial con tres nuevas sucursales y realizaron grandes inversiones diversificando actividades como un saladero y un aserradero. La firma de Hube y Achelis, frente a las necesidades demandadas del incipiente turismo, desarrolló el primer transporte turístico de pasajeros entre Petrohué y Bariloche con la Empresa Andina del Sud, dirigida por Ricardo Roth. Para poder contextualizar el volumen del comercio internacional que florecía en la incipiente Bariloche, ya en el año 1900 la Sociedad Hube & Achelis declaró haber realizado 70 viajes lacustres por la vía transandina, exportando 300 toneladas de productos del Nahuel Huapi e importando 93 toneladas de mercaderías provenientes de las colonias alemanas del Lago Llanquihue y de Europa que eran demandadas de este lado de la cordillera.

Finalmente, en el año 1917, la “Compañía Chile Argentina” radicada en Bariloche, fue adquirida en sociedad por Primo Capraro y Santiago Roth. Capraro estableció una constructora que fabricó casi la totalidad de las viviendas del incipiente pueblo y Santiago Roth, una cadena de hoteles y una flota de camiones y buques con los que contribuyó a potenciar aún más el intercambio comercial y turístico entre ambos países. En 1920 se instaló una aduana en la región.

Al mismo tiempo que la creciente actividad comercial multiplicaba inversiones en prósperos negocios conexos con trabajos muy bien remunerados para la época, la iniciativa privada fue desarrollando diversas actividades productivas para satisfacer el consumo local y regional. En la Estancia Huemul, un tambo con fábrica de quesos y manteca. En la estancia El Cóndor, el vasco Babil Azcona producía tomates que abastecían la demanda local, sumando  una fábrica de salsa de tomates. El pionero barilochense, Claudio Bernal, una fábrica de limonada y refrescos con frutas regionales.

En 1915, Don Carlos Nowotuy, un joven emprendedor recién llegado al pueblo, empezó a fabricar cerveza artesanal con la cebada que se cosechaba en el faldeo del Cerro Otto y aguas cordilleranas; materias primas que tenía innegables ventajas competitivas sobre otras regiones. El lúpulo llegaba en el vapor “Cóndor”, en lienzos provenientes de las campiñas osorninas. Fue tal el crecimiento de la empresa que Nowotuy terminó instalando una fábrica en la chacra del Señor Oscar Runge.

Pero en la década de 1920 los hermanos Jalil fabricaban la cerveza “Los Andes” y a fines de la misma década apareció la cerveza “Parque Nacional”, producida por Esteban Zufiaur y Leberle. Es también conocido por todos, el desarrollo de la industria chocolatera, ahumaderos, dulces, lácteos de todo tipo, los cereales, la carne, los tejidos de lana y múltiples productos de excelente calidad, que incluso como el chocolate de Bariloche aún tienen renombre internacional.

Ningún “Estado Presente” le dijo a Don Carlos Wiederhold que estableciera su “Casa Comercial” en estas tierras tan lejanas, ni obligó  a Primo Capraro a desarrollar las maravillosas construcciones en madera que aún hoy en día  sostienen el Patrimonio Cultural de Bariloche. Tampoco hubo un “Estado Presente” que haya sugerido a los pioneros fabricantes de cerveza, lácteos,  deliciosos chocolates en rama, su elaboración. Fue el libre mercado, la “Mano Invisible”, la “Iniciativa Privada” la que guió a estos pioneros a producir y crear riqueza en el Bariloche de principios de siglo; un Bariloche que era parte de una Argentina próspera y prometedora que estuvo entre 1880 y 1940 en el top 5 de ingresos per cápita a nivel mundial.

¿Que detuvo o ralentizó el desarrollo de la iniciativa privada y la creación de riqueza en Argentina? ¿Porque nos volvimos un país tan herméticamente cerrados que vemos con desconfianza la posibilidad de comerciar con el mundo? ¿Por qué castigamos a nuestros exportadores con una presión impositiva asfixiante y un nivel confiscatorio de retenciones?

Cómo construir un futuro mucho mejor para todos

¿Tiene algún sentido que sigamos trayendo todos los alimentos que consumimos desde miles de kilómetros de distancia, con el costo de transporte que eso implica? ¿Acaso no tenemos localmente todas las ventajas competitivas para producir alimentos de excelente calidad y un altísimo porcentaje de recursos humanos disponibles entre quienes hoy sufren necesidades vitales de trabajo e ingresos? ¿Tiene algún sentido lógico que en nombre de la Sustitución de Importaciones, sigamos cerrados al comercio internacional teniendo cercanía con un país como Chile que prospera con Tratados de Libre Comercio (TLC) con prácticamente todos los mercados de alto poder adquisitivo del mundo?

Bariloche necesita la apertura al comercio mundial para que nuestros productos con ventajas competitivas, tengan acceso al mercado asiático, norteamericano y europeo, y al mismo tiempo, todos podamos gozar de mayor variedad de productos y precios. También un nuevo modelo de desarrollo donde la Iniciativa Privada vuelva a ser el motor de la economía, para desterrar para siempre la pobreza a la que están condenados actualmente más de la mitad de los barilochenses.

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